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  • La procesión se lleva por dentro…

    La procesión se lleva por dentro…

    Escrito en abril 2023.

    A mis ojos el funeral de mi papá fue un evento muy bonito y alegre.

    Por la tarde del viernes santo, cuando llegamos con Luis y Paulita a la sala de «velación» como le dicen en Viña – para mí el velatorio-, nos dimos cuenta que el salón Jónico que nos habían asignado en el Parque del Mar, era amplio, bonito pero demasiado sobrio.

    Que silencio se sentía en esa habitación, esto no tenía ninguna relación con mi papá, ni con nosotros. Así es que para empezar Luis y Paulita trajeron un alegre arreglo de flores que pusimos al centro de la sala y luego nos sentamos a hacer una lista de lo que faltaba para ambientarla. Y de sorpresa esa tarde ya fuera de horario recibimos a un buen amigo de visita.

    Al día siguiente, ya teníamos un parlante que reproducía una lista con todos las canciones que sabíamos le gustaban a mi papá (lista en Spotify), un humidificador con aceites esenciales que sus aromas evocaban paz y alegría, té, café, agua y cositas dulces para recibir a la familia y a los amigos. Una linda foto de mi papá ya viejito pero llena de luz y la figura de la virgen con un rosario, objetos del dormitorio de mis padres que han sido mi inspiración y un símbolo familiar de espiritualidad desde antes que yo naciera, ambas las ubicamos sobre el féretro.

    Las luces no eran modificables, pero la música lo cambió todo y ahora sí estábamos en el ambiente que queríamos. Sin embargo, para mí no solo fue la música lo que hizo la diferencia, la noche anterior, sola con mis pensamientos y emociones sentí que desde que recibí la llamada telefónica de la casa de reposo, cerca de las 02:00 am, avisándome de la muerte de mi papá, todo había transcurrido tan diferente y habíamos estado tan ocupados haciendo y aprendiendo todo los trámites que tienen relación con la muerte de alguien, que no me había dado el tiempo para establecer lo único importante de todo esto, una conexión interior que me informara que mi papá estaba bien. Y al final del día viernes, empecé a sentir ese vacío, me faltaba una señal, algo que tranquilizara mi incertidumbre. Me puse a escribir sobre eso, lloré un ratito, me dormí unos minutos y cuando desperté sentí la paz que mi corazón esperaba. Mi papá había llegado a destino y estaba bien. ¿Cómo lo supe? No tengo idea, pero es una sensación que mantiene mi corazón tranquilo desde ese momento. Así es que en adelante, para mi la despedida se centró en el alma y no el cuerpo.

    En el transcurso de esos 3 días de despedida, recibimos la visita de muchos amigos y familiares, con los que conversamos de distintos temas, me emocionaba, lloraba un poco y me reía y disfrutaba.

    En un momento, tomé conciencia que todo lo que estaba viviendo siempre lo había imaginado de una manera tan diferente. En la Villa Santa Adela, en el velatorio de atrás de la iglesia, o en la casa de Las Lumas, en la iglesia a la que asistía cuando niña, con los vecinos de la cuadra y los amigos de mi papá y de toda la familia, sumados los nuevos amigos que habíamos hecho en el camino de la vida, conociendo mi origen: “la Villa”. Un momento de fusión de realidades que cuando era menor me daba mucha inseguridad, pero que con los años fue desapareciendo.

    No sé porqué, en este momento, pensar en eso me daba pena, seguramente porque la vida es de cambios, de amor, desafíos, dejar, perder, ganar, decisiones, satisfacciones, fe y mucha fortaleza.

    La noche del sábado nos reunimos en mi casa los cuatro hermanos en una catarsis de recuerdos alegres y tristes. Para todos fue un momento de desahogos a su manera y de risas de locos. Confesiones, reflexiones, chistes, llantos y tequila. Nos ahorramos varias sesiones con el psicólogo eso es seguro. Nuestros testigos, Luis y mi sobrino Cristian, viendo a cada hermano tan diferentes entre ellos y a la vez tan complementarios.

    Y de esa reunión nació el discurso que se leería en la ceremonia o en el funeral y el acuerdo de no decirle a mi mamá que está con Alzheimer que mi papá falleció. Lo que sea para no afectar su mundo.

    El domingo santo, día de la resurrección de Cristo, amaneció nublado y frío, temprano tomamos un rico desayuno y partimos camino al Parque del Mar para recibir a la familia y a los amigos, varios llegarían muy temprano. La ceremonia estaba programada para las 13:30.

    Con la llegada de los amigos y familiares, que la mayoría venía de Santiago, todas las emociones se revolvieron virtuosamente, porque me saludaban dando el pésame y yo les decía con tanta alegría lo feliz que me ponía verles después de tanto tiempo. Supongo que a mis hermanos les pasó parecido. Luego me venía la preocupación de ser buena anfitriona, entonces confié en que todos en mi familia y mis hermanos estábamos en eso.

    Una amiga llegó con su marido, me dio el pésame y muy ejecutiva me preguntó, ¿qué te falta, en qué te ayudo? ¿Hablaste con el párroco para coordinar la ceremonia? Y yo, -no todavía- así es que ella averiguó el mejor horario para hablarle. Después Luis, que estaba afuera del velatorio con los amigos de mi época universitaria, me avisó que una señora de nombre Alma quería hablar conmigo, ella ofrecía el servicio de música para la ceremonia. Me gustó su nombre. -¿Tiene servicio de música para la ceremonia?-, me consultó.

    Yo no había tenido cabeza para pensar en ello, algo raro con lo importante que es la música en nuestra familia. Alma me comentó que estaban desde temprano en el Parque porque habían participado en la ceremonia de domingo santo y debían quedarse hasta las 3 de la tarde para otro servicio, por lo tanto podían estar en la ceremonia para mi papá. Quedé de pensarlo. Luego Luis me comentó que esa señora había tocado en su matrimonio hace muchos años atrás y entonces inmediatamente le dije que por eso mismo no la contrataría, jajaja, pero fue un chiste. Cuando fui a la capilla en busca del párroco me encontré con ella y sus músicos y acordamos: tema de inicio “madrecita del alma querida” de José José, hubo un tiempo que mi papá se fanatizó con esa canción y la cantaba todas las semanas, luego varios boleros de sus favoritos, y tema de cierre “Vanidad” su favorita de joven y no por nada le decían el “Vanidad Grandón” y temas suaves para la ceremonia religiosa. No me gustan las ceremonias con música demasiado aguda o estridente.

    Cuando por fin hablé con el párroco, unos minutos antes de la ceremonia, todas las preguntas que me hizo yo le expliqué que las teníamos respondidas en el discurso…éramos la familia aplicada…entonces decidió que iniciáramos la ceremonia con él.

    De lo que pasó en la capilla no me acuerdo mucho, solo que el espacio era grande y se sentía vacío en relación con el velatorio. Que estaba sentada con mi linda y amorosa familia, que desde mi puesto vi a varios amigos de la familia y que para iniciar costó silenciarlos a todos.

    El párroco empezó la ceremonia y lamentablemente la acústica no era buena. Subí al altar, leí el discurso que preparamos con mis hermanos y al terminar – no sé si aplaudieron o no, no lo recuerdo, solo sé que al sentarme me bajaron los nervios y me puse roja. De lo que pasó después, solo recuerdo lo más esencial, el Padre Nuestro, la bendición con el agua bendita cayendo sobre el féretro y la linda música que nos acompañó en casi todo momento.

    Al final de la ceremonia, se me acercaron los hombres de negro, del servicio funerario, y antes de que dijeran algo les dije, todos los hombres de esta familia están con problemas de la espalda…ahora me da risa…pero de verdad no había nadie en su 100% para cargar a mi papá. Ellos me dijeron, -no se preocupe, no venimos por eso, nosotros lo llevaremos y la mesita tiene ruedas-, que práctico y solo querían decirme que irían en auto y la ruta que tomarían para llegar hasta el lugar de sepultación, que está bastante alejado de la capilla. En eso, varias personas se nos acercaron a darnos el pésame y yo me iba alegrando y olvidando lo que faltaba por hacer, hasta que alguien, no se quien, dijo: ¡ya vamos!

    Afuera de la capilla, las nubes se disipaban y nos iluminaba un lindo sol en medio de un bello cielo celeste. Algunos amigos y familiares se despidieron mientras que otros nos acompañaron al entierro. Fuimos en auto para no hacer caminar a los más longevos del clan. Yo estaba preocupada porque el velatorio debía entregarse vacío, pero Luis y Paulita ya se habían preocupado de ello. Tan buenos que son Luis y la Paulita.

    Una vez en el sitio de sepultación, nuevamente los hombres de negro nos consultaron si el féretro queríamos ponerlo a cierta altura o no, para después bajarlo un poco más, pero que en realidad nunca bajaba del todo. Eso se realizaría en aproximadamente 15 minutos luego de haber dejado a mi papá ahí. Nunca supe que entendieron ellos porque los cuatro hermanos respondimos cosas distintas y es que nadie tenía cabeza para eso. Al menos yo no quería esa experiencia triste de la bajada del cajón, pero nos advirtieron que no sucedería así, que no había de que preocuparse.

    Ya todos bajo el gran toldo verde, féretro en el centro, flores a los lados y las sillas dispuestas para la familia, tomé la palabra y no sé que dije pero lo esencial fue: acérquense, tomen asiento y di el paso para las despedidas. Lindas palabras se dijeron del Tío Juan de parte de la Vero (su discurso lo leyó la Toyita), del Tata de parte de los nietos Gerardito y Matías conectados desde México y de su nieta Ritita. Escuchamos recuerdos personales, regalos significativos (mi primer diccionario de alemán), enseñanzas (la naturaleza), agradecimiento (el Tata servicial) y su talla (el Tata chistoso), entonces, bajaron esos centímetros que mucha diferencia no hicieron y en un dos por tres todo estaba cubierto de flores.

    Bajo un bello cielo, comenzaron las despedidas, yo me sentí en ese momento tan agradecida de todos quienes nos acompañaron, un agradecimiento que aún sigo sintiendo. Gracias, Gracias, Gracias.

    Nos sacamos fotos con la familia -¿en un funeral?- ahora que lo veo en perspectiva parece raro, pero había que dejar registro del reencuentro en torno a la despedida de mi papá y después de tantos años sin verse.

    Los días posteriores al funeral me sentí muy, pero muy agotada, sin embargo, la buena compañía y la certeza de que alma de mi papá estaba bien, fueron suficientes para mantenerme funcional y tranquila, aunque después me di cuenta que la procesión se lleva por dentro.

    Texto escrito en abril 2023, 1ra publicación el 31 de agosto 2023, editado y vuelto a publicar el 06 de septiembre de 2024.

  • ¿Acampemos? Recordando el agradecimiento

    Anoche me levanté a las 5 de la madrugada a buscar un remedio que tenía en el auto. Me puse unas hawaianas, porque por alguna razón desconocida mis pantuflas no estaban y sobre el pijama, mi polerón Kido (https://goo.gl/images/DWR4dR) de esos que solo venden en Pucón – que son como ponerse una oveja encima.

    Era de noche, el cielo estaba cubierto por la vaguada costera y el patio tenía ese olor a rocío sobre tierra y pasto tan característico de los campamentos por la noche. En dónde la carpa se humedece por fuera mientras uno dentro se siente protegido y abrigado.

    Y en ese momento pasé de la noche a la mañana en mis recuerdos y recordé un té caliente que me sirvió Luis en un campamento de Hornopiren (https://g.co/kgs/jfLWxS) una mañana muy fría de verano sureño, con suelo de tierra y rio y paredes de rocío y hierba y el olor a madera quemada de la caldera del lugar que nos aprovisionaba de agua caliente.

    Manos frías calentándose en la taza, un buen gorro de lana, calcetines y zapatos de invierno y al menos 3 capas protegiendo la integridad física de toda la familia. El olor característico a tierra húmeda, el aire puro que entra y enfría tu nariz y la pone roja, el sonido permanente del río, el sabor del agua hervida fuera de casa, el pan amasado, el queso y/o la mermelada de los alrededores en un comedor rústico, básico, equipado o improvisado, pero de campamento al fin y al cabo. Y todo sabe más rico que en casa y todo se agradece desde lo más profundo de nuestro ser.

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