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  • La procesión

    La procesión

    El primer día pos-funeral de mi papá estuve acostada casi todo el día, tenía un cansancio tan grande como cuando di a luz por primera vez, sentía que me había pasado una aplanadora encima y me dolía hasta el pelo. Pero la compañía de mis hermanos, el cambio de rutina, los mensajes y las obligaciones hicieron que me alentara a retomar el día a día.

    Pensé que me había tomado esto del duelo muy bien, porque me sentía de buen ánimo la mayoría del tiempo y lloraba de a goteras. Además, como es mi modus operandi emocional supuse que en unas semanas o meses esto decantaría en algo ingrato para mi salud física o metal. Pero el tiempo no se hizo esperar, una inesperada situación me demostró en menos de un minuto que yo, esa persona que transitaba esa vida ilusoria era tan blanda y vulnerable como un marshmellow.

    Encerrada en un baño del trabajo, el único independiente, el que está destinado a las personas en situación de discapacidad, como yo en ese momento, lloré sin parar no sé por cuanto tiempo, tiempo que se me hizo eterno, hasta que por fin decidí pedir ayuda para salir de ahí y tomar alguna acción. Verme los ojos chicos llorosos e hinchados en el espejo frente al lavamanos me hizo llorar más. Estaba en un círculo de pena que se alimentaba de sí mismo, sentía pena por mí. Pero gracias a Dios atiné en hablarle a una amiga por WhatsApp que trabaja conmigo en el mismo piso y ella me ayudó a calmarme y a salir de ese estado de manera acogedora, asertiva y creo que además pasé desapercibida. Gracias, gracias y mil gracias.

    Luego de ese episodio en donde las lágrimas brotaron sin restricciones al comprender lo vulnerable que me encontraba, empecé a llorar de manera sostenida y sin tregua en cualquier momento. Y en eso me la he pasado los últimos días. Con la energía baja generalmente, con mal dormir y muy sensible.

    Al menos tuve la fortaleza de pedir ayuda y no solo a mi amiga salvadora, si no que también a quienes sentí que podían ayudarme en este proceso totalmente nuevo para mí.

    Uno de mis maestros de Yoga Kundalini (@paramsahej) me orientó para realizar solita una meditación de media hora de equilibrio, es la forma más sencilla que encuentro para describir de que se trató. Sumida en una respiración específica y repitiendo un mantra constantemente, la experiencia me guió hacia un portal con el que pude conectar con la fuente de amor universal y entonces vi en mi espalda a todas las almas no terrenales que estaban acompañándome en este proceso, desde la virgen de Guadalupe- de la que soy devota – hasta mi propio papá. Y darme cuenta de ello me conmovió mucho, más todavía sentir a mi papá no en forma humana si no como uno más de ese hermoso grupo, lo que me emocionó y me emociona de manera sobrecogedora. Lloré mucho en ese momento, porque comprendí que mi niña interior siente que no tiene quien la cuide y la proteja, independiente de como haya sido la vida con mi papá e independiente de que ahora sea una adulta.

    En la misma experiencia, cuando se equilibró mi emotividad, visualicé si no a todas a muchas de las almas terrenales que me están acompañando en este viaje, mis amigos y mi familia y entonces comprendí que estamos tan cerca una de otras, las almas terrenales de las astrales y no nos vemos y no las vemos.

    Días después, mi maestro me hizo una sesión de sanación a distancia que ya no recuerdo porque caminos me llevó, pero siempre son buenos y de apertura de consciencia. Me sentí agradecida por la experiencia , salí en paz y más tranquila.

    Entonces empezaron a llegar nuevas emociones a mi corazón que también me hacen llorar, no solo vinculadas a mi papá, si no que de todo tipo.

    Con mi hija mayor pasamos por una tienda de mascotas donde venden canarios, recordamos las dos al Pini y al Piki, nuestros canarios amarillos que celebraban mi llegada al departamento con solo sentir que se habría el ascensor conmigo dentro. Ese recuerdo me dio una melancolía y pena gigante y lloré. Ellos ya están en el cielo. Luego en otro momento pasaron muchos perritos chicos con un paseador y pensé en cómo sería si se muere la Luna nuestra perra o la Roseta nuestra gata más vieja y más conectada, otra vez lloré. Y así sucesivamente, con la sensibilidad a flor de piel.

    Entonces esta pena no tiene filtro, está expresando a sollozos la salud emocional del alma que habita en mi cuerpo y que tiene una importante acumulación de tristezas y frustraciones.

    Otra de las experiencias que me hacen llorar es cuando me dicen o me escriben “Palomita has sido tan buena hija, Dios te va a bendecir por esto”. Pero realmente es así, ¿fui o he sido tan buena hija como esas personas piensan? entonces me di cuenta que con la partida de mi papá empecé a vivir algo así como el auto-juicio final de hija pero en vida.

    Luego de esta experiencia, solo puedo decirles, sean hijos conscientes de sus decisiones y resuelvan desde el amor.

    Siempre tuve opciones y apoyo para tomar la decisión que consideré correcta y eso me da paz, pero igual necesito hablar de esos cuestionamientos, llorarlos y así integrarlos. Y llorarlos más de una vez, porque con una sola llorada no me alcanza para sanarme y sentir paz.

    En lo más terrenal, extraño ir a ver a mi papá al hogar de ancianos, conversarle, tocarle las manos, la cabeza, ponerle música con el celular para activar su memoria musical y despedirme con muchos besitos en su cabeza de cabellos blancos. Recuerdo un día en que por un segundo mi papá me miró a los ojos y me reconoció y entonces volvió a su mundo, el mundo del Alzheimer. Fue un regalo cortito pero gigante el que me dio ese día.

    Sin embargo, también hubo momentos en que verlo enfermo me afectó y más cuando en la visita mi mamá estaba súper obsesiva y me reclamaba por realidades que solo en su mente eran posibles. Por lo que decidí distanciar las visitas por mi salud mental y reunirme con ellos por separado. Algo así como cuando los padres le dan a sus hijos tiempo de calidad.

    Ahora debo sanar y recuperar fuerzas para ir a ver a mi mamá. Me da miedo verla y ponerme a llorar frente a ella y que perciba y comparta mi dolor, aunque por su condición puede que sea indiferente, no sé.

    Llamo todos los días a la casa de reposo consultando por ella y no ha nombrado a mi papá en todos estos días. Está de buen ánimo. Eso es bueno. Ahora falta que estemos las dos alineadas para empezar esta nueva etapa con la dedicación real de tiempo de calidad que pueda darle.

    Otras ideas que rondan por mi cabeza….En la filosofía Kundalini, se cree que algunas parejas que se complementan profundamente comparten el prana o energía de vida. Esto quiere decir que comparten el tiempo de respiraciones o el tiempo de vida en la tierra. Por esa razón, cuando se encuentran el que tiene más prana se lo comparte al que tiene menos para equilibrar su tiempo de vida y permanecer juntos en este plano lo más posible. Si ese fuera el caso de mi papá con mi mamá sería muy bonito, pero de solo pensar en que mi mamá también se irá pronto me pone insegura y me da una pena tremenda.

    Para los que están viviendo esta experiencia:

    Espero que reciban la paz que baja del cielo que da conformidad porque avisa que su alma llegó a destino y se encuentra bien. Y que esa certeza les permita seguir hacia adelante en esta vida.

    No hay receta para avanzar en el duelo, solo sentir con la mayor honestidad posible, aunque duela y si se viene llorar, hacerlo sin restricciones. Así vamos avanzamos, integramos y nos liberamos del apego al ritmo de muestra propia existencia.

    Este texto lo escribí el 21 de abril de 2023, la procesión siguió su curso, acepté el desafío, recibí mucho apoyo, reconocí y experimenté honestamente las emociones que me visitaron, las integré y ahora me siento liviana como una pluma 🪶.

    Con cariño, Paloma.

  • La procesión se lleva por dentro…

    La procesión se lleva por dentro…

    Escrito en abril 2023.

    A mis ojos el funeral de mi papá fue un evento muy bonito y alegre.

    Por la tarde del viernes santo, cuando llegamos con Luis y Paulita a la sala de «velación» como le dicen en Viña – para mí el velatorio-, nos dimos cuenta que el salón Jónico que nos habían asignado en el Parque del Mar, era amplio, bonito pero demasiado sobrio.

    Que silencio se sentía en esa habitación, esto no tenía ninguna relación con mi papá, ni con nosotros. Así es que para empezar Luis y Paulita trajeron un alegre arreglo de flores que pusimos al centro de la sala y luego nos sentamos a hacer una lista de lo que faltaba para ambientarla. Y de sorpresa esa tarde ya fuera de horario recibimos a un buen amigo de visita.

    Al día siguiente, ya teníamos un parlante que reproducía una lista con todos las canciones que sabíamos le gustaban a mi papá (lista en Spotify), un humidificador con aceites esenciales que sus aromas evocaban paz y alegría, té, café, agua y cositas dulces para recibir a la familia y a los amigos. Una linda foto de mi papá ya viejito pero llena de luz y la figura de la virgen con un rosario, objetos del dormitorio de mis padres que han sido mi inspiración y un símbolo familiar de espiritualidad desde antes que yo naciera, ambas las ubicamos sobre el féretro.

    Las luces no eran modificables, pero la música lo cambió todo y ahora sí estábamos en el ambiente que queríamos. Sin embargo, para mí no solo fue la música lo que hizo la diferencia, la noche anterior, sola con mis pensamientos y emociones sentí que desde que recibí la llamada telefónica de la casa de reposo, cerca de las 02:00 am, avisándome de la muerte de mi papá, todo había transcurrido tan diferente y habíamos estado tan ocupados haciendo y aprendiendo todo los trámites que tienen relación con la muerte de alguien, que no me había dado el tiempo para establecer lo único importante de todo esto, una conexión interior que me informara que mi papá estaba bien. Y al final del día viernes, empecé a sentir ese vacío, me faltaba una señal, algo que tranquilizara mi incertidumbre. Me puse a escribir sobre eso, lloré un ratito, me dormí unos minutos y cuando desperté sentí la paz que mi corazón esperaba. Mi papá había llegado a destino y estaba bien. ¿Cómo lo supe? No tengo idea, pero es una sensación que mantiene mi corazón tranquilo desde ese momento. Así es que en adelante, para mi la despedida se centró en el alma y no el cuerpo.

    En el transcurso de esos 3 días de despedida, recibimos la visita de muchos amigos y familiares, con los que conversamos de distintos temas, me emocionaba, lloraba un poco y me reía y disfrutaba.

    En un momento, tomé conciencia que todo lo que estaba viviendo siempre lo había imaginado de una manera tan diferente. En la Villa Santa Adela, en el velatorio de atrás de la iglesia, o en la casa de Las Lumas, en la iglesia a la que asistía cuando niña, con los vecinos de la cuadra y los amigos de mi papá y de toda la familia, sumados los nuevos amigos que habíamos hecho en el camino de la vida, conociendo mi origen: “la Villa”. Un momento de fusión de realidades que cuando era menor me daba mucha inseguridad, pero que con los años fue desapareciendo.

    No sé porqué, en este momento, pensar en eso me daba pena, seguramente porque la vida es de cambios, de amor, desafíos, dejar, perder, ganar, decisiones, satisfacciones, fe y mucha fortaleza.

    La noche del sábado nos reunimos en mi casa los cuatro hermanos en una catarsis de recuerdos alegres y tristes. Para todos fue un momento de desahogos a su manera y de risas de locos. Confesiones, reflexiones, chistes, llantos y tequila. Nos ahorramos varias sesiones con el psicólogo eso es seguro. Nuestros testigos, Luis y mi sobrino Cristian, viendo a cada hermano tan diferentes entre ellos y a la vez tan complementarios.

    Y de esa reunión nació el discurso que se leería en la ceremonia o en el funeral y el acuerdo de no decirle a mi mamá que está con Alzheimer que mi papá falleció. Lo que sea para no afectar su mundo.

    El domingo santo, día de la resurrección de Cristo, amaneció nublado y frío, temprano tomamos un rico desayuno y partimos camino al Parque del Mar para recibir a la familia y a los amigos, varios llegarían muy temprano. La ceremonia estaba programada para las 13:30.

    Con la llegada de los amigos y familiares, que la mayoría venía de Santiago, todas las emociones se revolvieron virtuosamente, porque me saludaban dando el pésame y yo les decía con tanta alegría lo feliz que me ponía verles después de tanto tiempo. Supongo que a mis hermanos les pasó parecido. Luego me venía la preocupación de ser buena anfitriona, entonces confié en que todos en mi familia y mis hermanos estábamos en eso.

    Una amiga llegó con su marido, me dio el pésame y muy ejecutiva me preguntó, ¿qué te falta, en qué te ayudo? ¿Hablaste con el párroco para coordinar la ceremonia? Y yo, -no todavía- así es que ella averiguó el mejor horario para hablarle. Después Luis, que estaba afuera del velatorio con los amigos de mi época universitaria, me avisó que una señora de nombre Alma quería hablar conmigo, ella ofrecía el servicio de música para la ceremonia. Me gustó su nombre. -¿Tiene servicio de música para la ceremonia?-, me consultó.

    Yo no había tenido cabeza para pensar en ello, algo raro con lo importante que es la música en nuestra familia. Alma me comentó que estaban desde temprano en el Parque porque habían participado en la ceremonia de domingo santo y debían quedarse hasta las 3 de la tarde para otro servicio, por lo tanto podían estar en la ceremonia para mi papá. Quedé de pensarlo. Luego Luis me comentó que esa señora había tocado en su matrimonio hace muchos años atrás y entonces inmediatamente le dije que por eso mismo no la contrataría, jajaja, pero fue un chiste. Cuando fui a la capilla en busca del párroco me encontré con ella y sus músicos y acordamos: tema de inicio “madrecita del alma querida” de José José, hubo un tiempo que mi papá se fanatizó con esa canción y la cantaba todas las semanas, luego varios boleros de sus favoritos, y tema de cierre “Vanidad” su favorita de joven y no por nada le decían el “Vanidad Grandón” y temas suaves para la ceremonia religiosa. No me gustan las ceremonias con música demasiado aguda o estridente.

    Cuando por fin hablé con el párroco, unos minutos antes de la ceremonia, todas las preguntas que me hizo yo le expliqué que las teníamos respondidas en el discurso…éramos la familia aplicada…entonces decidió que iniciáramos la ceremonia con él.

    De lo que pasó en la capilla no me acuerdo mucho, solo que el espacio era grande y se sentía vacío en relación con el velatorio. Que estaba sentada con mi linda y amorosa familia, que desde mi puesto vi a varios amigos de la familia y que para iniciar costó silenciarlos a todos.

    El párroco empezó la ceremonia y lamentablemente la acústica no era buena. Subí al altar, leí el discurso que preparamos con mis hermanos y al terminar – no sé si aplaudieron o no, no lo recuerdo, solo sé que al sentarme me bajaron los nervios y me puse roja. De lo que pasó después, solo recuerdo lo más esencial, el Padre Nuestro, la bendición con el agua bendita cayendo sobre el féretro y la linda música que nos acompañó en casi todo momento.

    Al final de la ceremonia, se me acercaron los hombres de negro, del servicio funerario, y antes de que dijeran algo les dije, todos los hombres de esta familia están con problemas de la espalda…ahora me da risa…pero de verdad no había nadie en su 100% para cargar a mi papá. Ellos me dijeron, -no se preocupe, no venimos por eso, nosotros lo llevaremos y la mesita tiene ruedas-, que práctico y solo querían decirme que irían en auto y la ruta que tomarían para llegar hasta el lugar de sepultación, que está bastante alejado de la capilla. En eso, varias personas se nos acercaron a darnos el pésame y yo me iba alegrando y olvidando lo que faltaba por hacer, hasta que alguien, no se quien, dijo: ¡ya vamos!

    Afuera de la capilla, las nubes se disipaban y nos iluminaba un lindo sol en medio de un bello cielo celeste. Algunos amigos y familiares se despidieron mientras que otros nos acompañaron al entierro. Fuimos en auto para no hacer caminar a los más longevos del clan. Yo estaba preocupada porque el velatorio debía entregarse vacío, pero Luis y Paulita ya se habían preocupado de ello. Tan buenos que son Luis y la Paulita.

    Una vez en el sitio de sepultación, nuevamente los hombres de negro nos consultaron si el féretro queríamos ponerlo a cierta altura o no, para después bajarlo un poco más, pero que en realidad nunca bajaba del todo. Eso se realizaría en aproximadamente 15 minutos luego de haber dejado a mi papá ahí. Nunca supe que entendieron ellos porque los cuatro hermanos respondimos cosas distintas y es que nadie tenía cabeza para eso. Al menos yo no quería esa experiencia triste de la bajada del cajón, pero nos advirtieron que no sucedería así, que no había de que preocuparse.

    Ya todos bajo el gran toldo verde, féretro en el centro, flores a los lados y las sillas dispuestas para la familia, tomé la palabra y no sé que dije pero lo esencial fue: acérquense, tomen asiento y di el paso para las despedidas. Lindas palabras se dijeron del Tío Juan de parte de la Vero (su discurso lo leyó la Toyita), del Tata de parte de los nietos Gerardito y Matías conectados desde México y de su nieta Ritita. Escuchamos recuerdos personales, regalos significativos (mi primer diccionario de alemán), enseñanzas (la naturaleza), agradecimiento (el Tata servicial) y su talla (el Tata chistoso), entonces, bajaron esos centímetros que mucha diferencia no hicieron y en un dos por tres todo estaba cubierto de flores.

    Bajo un bello cielo, comenzaron las despedidas, yo me sentí en ese momento tan agradecida de todos quienes nos acompañaron, un agradecimiento que aún sigo sintiendo. Gracias, Gracias, Gracias.

    Nos sacamos fotos con la familia -¿en un funeral?- ahora que lo veo en perspectiva parece raro, pero había que dejar registro del reencuentro en torno a la despedida de mi papá y después de tantos años sin verse.

    Los días posteriores al funeral me sentí muy, pero muy agotada, sin embargo, la buena compañía y la certeza de que alma de mi papá estaba bien, fueron suficientes para mantenerme funcional y tranquila, aunque después me di cuenta que la procesión se lleva por dentro.

    Texto escrito en abril 2023, 1ra publicación el 31 de agosto 2023, editado y vuelto a publicar el 06 de septiembre de 2024.

  • Papá, feliz nueva vida

    Papá, feliz nueva vida

    Discurso de despedida para Juan Elías Grandón Inda (06.01.1936 al 07.04.2023).

    Música de fondo: https://spotify.link/Py3mwn2cTyb

    Pucha que fue difícil escribir el discurso en honor a nuestro papá anoche mientras estábamos todos los hermanitos Grandón Yáñez, hablando al mismo tiempo, diciendo cosas divertidas, incoherencias, recordando anécdotas tristes y divertidas,  riéndonos de tonteras, recibiendo las llamadas de los primos y además degustando el regalo de un tremendo botellón de tequila mexicano para ensalzar la reunión…estoy segura que nunca nos enseñaron o aprendimos a respetar turnos.

    Nuestro papá nació en 1936, bajo el nombre de Juan Elías Grandón Inda en el Puerto de San Vicente. Fue el 4to hijo de una familia compuesta por María Elena Inda y Mariano del Tránsito Grandón, quienes tuvieron en total de 9 hijos: 7 hombres y 2 mujeres.

    ¡Machistas todos!

    A mi papá a los 9 años le tocó la difícil tarea de ir a buscar corriendo al doctor del barrio para que atendiera a su padre que tuvo un ataque cardiaco y falleció por eso. Que difícil experiencia debe haber sido eso para él y toda su familia. Desde ese momento, sus hermanos mayores pasaron a ser sus padres y no obstante esa experiencia, siempre nos contó que su vida fue de aventuras al aire libre, de correr riesgos, de hacer travesuras, de resolver problemas con creatividad, de sobrevivencia y alegría. Los Grandón Inda siempre fueron y han sido orgullosos de ser los Grandón y como no, siempre fueron y han sido una familia muy unida, ligada al mar, a la compañía de bomberos de la zona, al futbol, etc. Y así hoy seguimos unidos por el whatsapp los primos de las generaciones siguientes.

    Pero Grandón Juan desde niño fue un arriesgado aventurero, nos contó que fue el mejor preparador de gallos de pelea, que con la plata que juntó o en una apuesta le compró una casa a la abuelita Elena, que lo mandaron a Santiago a estudiar con los tíos Inda, pero como mucho no estudió y más trabajó la abuelita lo mandó a buscar, a esa altura ya había aprendido mucho de caballos. Y bueno vivió muchas otras historias como una de las más importantes para nosotros, que se obsesionó cuando vio a mi mamá y por 6 meses trabajó en la conquista sin cesar, hasta que se casó con ella en 1957 con solo 21 años.

    De esa unión nacieron 4 hijos: Juan Eliseo Eduardo, Patricio Elías, Sofía Elena y María Isabel Paloma, 8 nietos y 5 bisnietos. Después de algunos años, cuando ya tenían a sus dos primeros hijos, decidieron emigrar de la región del Bio Bio a Santiago.

    Siempre fuimos una familia buena para comer y decíamos que nuestro papá era Juan Mara y nuestra mamá Isabel Bunta, la familia MaraBunta. Y por muchos años nuestros viejos hablaron en jerigonza(cio) pensando que entendíamos nada ….y éramos expertos.

    Juan Elias Grandón Inda fue siempre un hombre LOCO en TODO el sentido de la palabra, como trabajador fue un hombre ordenado, madrugador, estricto, responsable y fanático. Llegó dirigir grandes obras de ingeniería a nivel nacional sin haber tenido los estudios de rigor pero si la experiencia y la creatividad, para ganarse su espacio en ese mundo, pero también le gustaban los san viernes con los compañeros de trabajo. Hernán Briones (que después fue el presidente de la SOFOFA), por su liderazgo con los trabajadores lo envió a estudiar a la PUC de Santiago para gremialista y aprobó con distinción.

    Tuvo siempre buenos trabajos y por ello le tocó viajar por todo el norte de Chile y la Zona Central, a veces en familia a veces solo. Adoraba el Norte y sus colores, veía belleza en donde mi mamá solo veía sequía y por eso nunca le dio la pasada para comprar una parcelita en San Pedro de Atacama. Hoy estaríamos seguramente viviendo otra vida.

    Como persona y tal como nosotros los conocimos, era bueno para contar historias, hacendoso en la casa, arregla todo, mecánico, electricista, gásfiter, lo que le pidieran, súper bueno para las artes manuales, buen amigo, buen vecino, trabajador, agradecido, humilde y bondadoso, lector de noticias y de geografía – le encantaban los atlas-, pero no era perfecto, también era curioso, intruso, quería saberlo todo, seco para ponerle sobre nombres a todo el mundo y por sobre todo porfiado como él solo.

    Nunca nos obligó a ir a misa los domingo mientras mi mamá intentaba convencernos a toda costa. Obviamente ahí mi papá se llevaba todos los puntos. Y sobre Dios nos enseñó que su existencia se reflejaba en toda manifestación de la naturaleza y que también podíamos encontrarlo de la manera más inesperada y en cualquier momento, abriendo una biblia en una página al azar e incluso en los mensajes de la radio. Aun así era devoto de la virgen y le gustaba leer los Atalaya de los Testigos de Jehová.

    En nuestra casa en la Villa Santa Adela los asados y los mariscales los fines de semana eran seguidos, no faltaba la excusa y Juan Grandón con todos los hombres en el patio alrededor de la parrilla, contando chistes subidos de tono, tomando vino sin restricciones, mientras las mujeres adentro de la casa escuchábamos las tremendas carcajadas de risa y nos encargábamos de preparar las papas cocidas (somos sureños), las ensaladas, vestir la mesa y conversar cosas aburridas. Luego nos sentábamos todos a la mesa a comer y en la sobremesa, venían la canciones, Juan Grandón el tenor, todos escuchando o acompañando en el canto, riéndonos y compartiendo historias. Como cuando regresó del Norte a Santiago, sin conseguir pega por lo que tuvo que ir cantando por distintos locales para juntar la plata del pasaje de regreso .

    Pero con los años mi papá empezó a cantar un poco menos y con más esfuerzo a ponerse más mañoso y más porfiado y al final de la sobremesa se quedaba dormido en la silla ….el tiempo no perdona a nadie.

    Bueno, seguramente, por esas reuniones debe ser que sus hijas les salieron rebeldes, autosuficientes, y con ganas de estar en el asado contando los chistes jajajajaja y mis hermanos buscaron a sus parejas con el mismo perfil. Pucha que la sufrió con eso mi papá. No quería que aprendiéramos a manejar, ni que compráramos un balón de gas porque era peligroso, las mujeres no debíamos hacer muchas cosas según él, era como un prevencionista de riesgos obsesivo al cubo y perseguido peor aún. El machismo y la liberación femenina enfrentados ya desde los 70´s y en la vida real. Y nuestra mamá por su parte, tampoco lo hacía nada mal jugando a dos bandos aunque su naturaleza era ser de las nuestras – una guerrera.

    Cada uno de nosotros sus hijos vivimos distintas experiencias de vida en relación a nuestro papá, pero el común denominador fue que cuando fuimos grandes siempre nos apoyó en todo lo que estuvo a su alcance, sin condiciones. Aun cuando inconscientemente le dimos a él y a nuestra mamá la gran pena de abandonar el nido y tomar rumbos diversos hacia distintos destinos, pero pasados unos años empezaron a llegar de visita o a vivir con ellos los nietos.

    Por nuestra parte, nuestra niñez no fue perfecta, Juan Grandón en sus locuras nos hizo pasar vergüenzas, se extralimitaba retándonos, restringiéndonos, nos dio palizas y nos hizo pasar momentos difíciles en su creencia de que hacía lo correcto. Claro casi siempre apoyado por mi mamá que creía que el garrote era la manera de enderezar a los árboles.

    Pero entendemos que fue su experiencia de vida la que repitió en nuestras vidas y ahora que somos todos padres sabemos que no existen padres perfectos y que con amor el árbol también se endereza suavecito y aun así todos queremos y vamos a extrañar mucho a nuestro padre por todo lo bueno que nos enseño.

     Estas son las muchas herencias que nos dejó y que integramos felices a nuestras vidas, porque así vive también a través de nosotros:

    Nos enseñó a apreciar la naturaleza, a disfrutar de la vida, a ser un buen hijo, porque nunca dejó de preocuparse y de enviarle su mesada a su mamá-nuestra abuelita-, a ser un buen hermano, siempre preocupado por el bienestar de sus hermanos menores y de sus familias, nos dio el ejemplo de súper marido pues siempre idolatró a mi mamá y llegó a abandonar su propia vida por cuidarla después de que ella tuvo un ACV y luego cáncer. Ya en esos años estaban viviendo solos y mi papá jubilado.

    Nos enseñó a ser responsables, creativos, inventivos, locos alegres, buenos para el hueveo (perdonando el chilenismo), a apreciar y disfrutar la música, a leer el mercurio los días domingo , como acampar a la antigua – directo en la naturaleza-, lo entretenido de recorrer lugares desconocidos y de vivir aventuras, como hacernos y ser buenos amigos, a ser valientes y saber pelear a los combos (eso se lo enseñaba a todos los hombres obviamente). Pero por sobre todo, nos enseñó a ser agradecidos por todo lo que la vida nos daba.

    Por todo lo anterior y porque ya le tocó partir hacia su nueva vida, hoy nos despedimos con alegría de nuestro papá Juan Elias, Juan, Juanito, el Tata, el Tata Juan, el Tata Loco y lo bendecimos y honramos junto a todos nuestros ancestros y le agradecemos por todo lo bueno que vivimos junto él.

    También estamos acá a nombre de nuestra mamá, compartió su vida con mi papá por más de 65 años de matrimonio, sanos, en la enfermedad, en las buenas y en las malas y en el último tiempo ambos con Alzheimer reconociéndose y no cada día. Eran tal para cual, orden y desorden, blanco y negro, locura y cordura, en fin. Hoy, no quisimos traerla por el riesgo que podría generarle en su salud vivir esta experiencia.

    Finalmente y para terminar este discurso, les agradecemos de todo corazón a todos y a cada uno de los que nos acompaña hoy y a los que nos han acompañado todos estos días y en estos últimos años desde cerca y a la distancia en el cuidado de los Tatas y comentarles que al cierre de este texto queda menos de ¼ del botellón de tequila de casi 2lts.

    Con cariño sus hijos.

  • Más lejos que Reigolil

    Más lejos que Reigolil

    Vacaciones de invierno en Pucón y era el día de ir a las termas, hacía frío y estaba húmedo por la lluvia del día anterior. El sol escondido detrás de las nubes solo nos iluminaba y de calor, nada. Por tanto, nos levantamos a media mañana bien abrigados con varias capas y todos con sus gorros de lana bien puestos, desayunamos de manera contundente y alistamos nuestras mochilas para la aventura. El traje de baño, las chalas de agua y la toalla no podían faltar. Éramos dos adultos, dos adolescentes y dos niños.

    El 4×4 estaba en su punto, la mochila de supervivencia y el cocaví con múltiples alternativas ya embarcado, los menores acomodados en la fila trasera y nosotros adelante con el papel blanco, largo y arrugado que señalaba nuestro destino: “Las Termas de Río Blanco”.

    El día anterior con ese mismo papel en mano, el cual consistía en un listado de termas, Camilo y yo tomamos decisiones. Ambos deseábamos ir a unas termas naturales y no intervenidas, pero debimos revisar otros aspectos.

    —¡Busquemos la más conveniente! —exclamé, siempre preocupada de las finanzas familiares.

    —¡Y que tenga comida! —señaló Camilo. 

    No sé porqué el sur de Chile produce tanto hambre y hace que todo sepa más rico.

    Inmediatamente descartamos todas las termas tradicionales que ofrecían piscinas techadas con toboganes o quedaban demasiado cerca de Pucón. No nos ofrecían la experiencia que deseábamos.

    Nos llamó la atención una que por su precio era demasiado barata, de no creer: “Termas Río Blanco: pozones naturales de aguas termales, almuerzo, teléfono celular 987654321, ubicación a 25 km de Reigolil.”

    Llamamos varias veces para saber algo más del lugar, pero no logramos comunicarnos. Optamos por confiar. Si estaba en ese listado, era por algo.

    (más…)
  • Son tantas las ideas…y pocas las publicaciones

    Son tantas las ideas…y pocas las publicaciones

    Son tantas las ideas y los temas de los que quiero escribir, como si cada idea y su reflexión fuera una mariposa excepcional y única que visita mi jardín y no logro atrapar.

    ¿Pero cuanto tiempo dispongo para observarlas, correr tras ellas y capturarlas en mis publicaciones? Realmente muy poco.

    Ahora por ejemplo, estoy en la consulta del dentista esperando que me atiendan con una novela turca de música de fondo. En otras oportunidades solo me quedo en el imaginario.

    Tengo muchos borradores iniciados con temas que me inspiraron respecto de los cuales ya no siento lo mismo. Los comencé con un enfoque y los retomo con otro muy distinto que no me satisface. Dejan de tener sentido!

    Es loco, porque las publicaciones que prosperan nacen redondas, de una, después solo hay que pulirlas y a veces ni eso.

    Alzhaimer, padres, abuelos, adolescentes, niños, maridos, amigos, alcohol, drogas, sexo, rock and roll, espiritualidad, equilibrio, energía, sensaciones, armonizar, pensar, crear, pensar, existir, pensar, ser, cocrear, desapego, lo mato, la mato, lo quiero, la quiero, me voy, me quedo, te dije, hasta cuando, enojo, que rabia, que pena, que pasa, no entiendo, que siento, alegría, risas, bienestar, satisfacciones, paz, placer, salud, buenas energías, malas energías, predicciones, percepciones, hippismo, abrazo, más abrazos, más abrazos, se fueron, pero se quedaron, los quiero, nos quieren, nos cuidan, agradezco, cada día, volar , flotar, oler, saber, oir, disfrutar, medicarse no es sanarse, mejor dormir a pata suelta, mamá ya es de día, una sonrisa, dos sonrisas, tres sonrisas, cuatro sonrisas, cinco sonrisas, seis sonrisas y la mía…te amo, llegué a puerto, que alivio, que rico. El trabajo, las responsabilidades, me quiero quedar, pucha me quiero ir, estoy chata, no soy suficientemente buena!, siempre hay de quien aprender, que buena soy!, arar con los bueyes que tengo es el desafío de la vida misma, se me cae un ojo, me mareo y mi vida? …ah! mi vida….reiki, doc….nadie dijo que iba a ser fácil, más abrazos por favor, ya decidí no sufrir, sígueme, …..Om

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